La lucha contra el Sida

 

Kuropatwa se enteró de que tenía SIDA a mediados de la década de 1980. Eran tiempos en que el virus se conocía como “la peste rosa”, porque afectaba principalmente a la comunidad homosexual de Nueva York y San Francisco.

“Me infecté en Nueva York”, comentó Kuropatwa. “Antes de tener un diagnóstico, yo ya sabía de mi enfermedad. Un día me estaba bañando y observé una especie de verruga en la pierna. Los análisis confirmaron que era un sarcoma de Kapossi (cáncer cutáneo que aparece de la mano del HIV). Me desesperé. Cuando me dieron el resultado, escuché que la lecitina de soja era una medicina maravillosa. Llené la heladera de lecitina. Pasé por todas las alternativas porque todavía no había nada serio. Nada dio resultado. Estaba en un viaje terminal”.

La devastadora desesperación de la enfermedad se plasmó en su arte. Kuropatwa creó el grueso de su producción artística cuando se enteró de que iba a morir. Su trabajo de aquellos años, como Naturalezas Muertas (1986) y 30 días en la vida de A. (1990), refleja la exploración psicológica de un hombre que enfrenta a la muerte como una realidad próxima e inevitable. Pero la vida le dio otra oportunidad cuando, en 1996, se celebró la XI Conferencia Mundial sobre SIDA en Vancouver (Canadá).

Fue una “Conferencia de la Esperanza”, porque en ella los científicos dieron a conocer los resultados del cóctel antiviral, una nueva terapia que exige a los pacientes tomar hasta treinta pastillas por día. Kuropatwa fue de los primeros pacientes en recibir el tratamiento, que reflejó en su muestra Cóctel (1996), una serie de fotografías de gran tamaño que registran su dieta diaria de píldoras. Las imágenes quedaron como una de las grandes metáforas mundiales de esperanza frente a una enfermedad terminal.

También fue un llamado de alerta a la sociedad, que prefería ocultar el SIDA bajo la alfombra. Edgardo Giménez, amigo de Kuropatwa, dijo: “Cóctel fue de una honestidad brutal. Abrumadora. Mientras la gente se escondía, él se abría”. Kuropatwa se convirtió en un fuerte activista por los derechos de los enfermos de SIDA, transmitiendo el problema desde su obra, y también a través de intervenciones en periódicos y TV. En 1997, publicó una solicitada para pedir al gobierno que administrara y distribuyera los recursos para el tratamiento, para que todos los enfermos tuvieran la misma oportunidad de curarse que él. Kuropatwa fue una de las primeras muestras de que, gracias al cóctel, el SIDA podía ser derrotado.

Hacia finales de la década del ‘90, el SIDA prácticamente ya no se detectaba en su sangre. Kuropatwa murió el 5 de febrero de 2003, de causas sin conexión con el SIDA. Vivió con la enfermedad casi dos décadas, y fue un ejemplo de la esperanza de los cócteles retrovirales entre los enfermos de todo el mundo. Por eso, se lo conoció como “el hombre que le ganó al SIDA”.

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