Juventud

 

Alejandro Kuropatwa nació en Buenos Aires, Argentina, a las 11:50 de la mañana del 22 de octubre de 1956. Fue el tercer hijo, y el único varón, de una familia judía. Su padre, Miguel, había inmigrado desde Polonia antes de la Segunda Guerra Mundial. En la Argentina, se casó con Dora, y se convirtió en un hombre de negocios.

 

Gordito, con un brillo de suspicacia resplandeciendo en el fondo de sus ojos color almendra, Kuropatwa atravesó la primaria generando confusión: “La maestra creía que por mi apellido, y porque no hablaba nada, yo era japonés”.

 

 

Fue de escuela en escuela hasta que terminó en un colegio experimental progresista, donde conoció a su amigo íntimo Tommy Pashkus, quien tiempo después recordaría: “En un colegio que estaba lleno de freaks, él era el más freak de todos. Era una pieza única, escandaloso, y de una ansiedad a prueba de balas: nunca fue el drogadicto típico, ni el borracho típico, ni nada típico”.

 

Kuropatwa se dedicó a absorber todo lo que estaba a su alcance. Estudió serigrafía, pintura y dibujo: “A la gente le parece raro que primero me haya dedicado a la pintura, a la serigrafía y después, ¡pum!, a la fotografía. Pero lo que pasa es que yo hacía serigrafía con sistemas fotográficos”.

En junio de 1978, con apenas 21 años, Kuropatwa realizó su segunda muestra individual. Marta Minujín escribió el texto de la muestra. Un artículo de periódico ya anunciaba el potencial del artista: “...son un hallazgo las serigrafías de Kuropatwa, donde el collage y la fotografía pompeyana componen un discurso curioso y singularmente opresivo”. 

 

A mediados de 1978, Kuropatwa se embarcó en un viaje por Europa donde durante varios meses registró arquitecturas, jardines y afroditas abandonadas, fotografías que aparecerían una y otra vez en sus muestras futuras. Finalmente, en 1979, se instaló en Nueva York. .

 

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